Depredadores y cadenas tróficas

Where the Wild Things Were. Life, death and ecological wreckage in a land of vanishing predators. William Stolzenburg. Bloomberg, 2008.

Por Javier SeoanePortada del libro

A la gente le gustan mucho las historias. Quizás sea porque contarlas ha debido ser la principal fuente de transmisión cultural desde muy antiguo –tanto que tal vez forme parte de las características de la especie humana–, pero lo que es indudable es que una buena narrativa, aderezada con sus muestras de pasiones humanas, tiene un poder evocador y educativo muy fuerte. Más, desde luego, que una clase convencional, fría y aséptica [1]. Quizás por eso me ha encantado este libro. Quizás por eso creo que se puede aprender tanto con él.
En “Where the Wild Things Were”, William Stolzenburg da un repaso al papel de los depredadores en la conformación de los ecosistemas donde viven y poco a poco va introduciendo la idea, protagonista ya de un capítulo final deliciosamente especulativo, de que el temor reverencial que el hombre tiene a los grandes depredadores forma parte intrínseca –como el amor a la narrativa– del ser humano, al fin y al cabo presa durante su historia evolutiva de esos grandes depredadores a los que se respeta, teme y odia simultáneamente. De hecho, el título del libro es un guiño al libro infantil de Maurice Sendak [2] , que en 2009 se llevó al cine con el título, en castellano de “Donde viven los monstruos”, en el que se describe la tensión de un niño que se debate entre el amor a lo desconocido y salvaje y el deseo de la seguridad del hogar. Esa misma tensión es la que, según el autor, caracteriza la relación del hombre con los depredadores que le pueden tomar como presa.

Pero la mayor parte del libro discurre por los terrenos bien explorados por la Ecología más académica y amplia, explicando, mediante historias que llevan de la mano a los investigadores y los sujetos investigados, conceptos como la liberación competitiva, los efectos de cascadas tróficas, el control de ‘arriba-abajo’ de los ecosistemas, la percepción del riesgo de depredación, la depredación intra-gremio, la coevolución y carrera de armamentos, etc. Hipótesis como la del mundo verde (o HSS, de Hairston, Smith y Slobodkin [3]), que propone que el mundo es predominantemente ‘verde’ porque los depredadores regulan las poblaciones de los herbívoros, se presentan a la vez que la historia de quienes las propusieron, cuajada de sinsabores, de malentendidos y, casi siempre, de la perseverancia y fortuna propia de los investigadores cuyos nombres aparecen hoy en los manuales de Ecología.

El libro apoya su narrativa en una documentación muy extensa. Abunda en referencias sugerentes, en particular sobre los efectos en cascada trófica, desde los experimentos clásicos de Robert Paine, que comprobó que la retirada selectiva de una especie de estrella de mar (Pisaster ochraceous) promovía la explosión poblacional de los mejillones de que se alimentaba (Mytilus californianus) en detrimento de otras muchas especies [4], hasta los trabajos más recientes de James Estes y colaboradores, que atribuyen a las nutrias marinas (Enhydra lutris) el mantenimiento de los bosques de algas laminarias que, a su vez, sostienen comunidades muy ricas [5], o el fenómeno del derretimiento de los ecosistemas, detectado por John Terborgh en islas de hábitat donde los depredadores han desaparecido y los consumidores sobreexplotan el medio hasta su propia extinción [6]. Como no podía ser menos en un libro que se comenzó a gestar en un congreso de la Sociedad de la Biología de la Conservación [7], las consecuencias de la pérdida de depredadores para la biodiversidad se enfatizan a lo largo de todo el libro, primero las más obvias de empobrecimiento y banalización de los ecosistemas y su recuperación cuando reaparecen los depredadores [8], pero también las más sutiles, como la de que las referencias que usamos para evaluar el estado de conservación de un sistema cambian y a la baja, por lo que podemos acabar aceptando un mundo cada vez más degradado [9].

Se trata, en resumen, de un libro apasionante y tremendamente educativo.

[1] Me refiero al aprendizaje basado en casos de estudio / en problemas.
[2] Sendak, M. 1963. Where The Wild Things Are. Harper & Row.
[3] Hairston N.G., Smith F.E., Slobodkin L.B. 1960. Community structure, population control and competition. American Naturalist 94:421-425
[4] Paine, R.T. 1974. Intertidal community structure. Experimental studies on the relationship between a dominant competitor and its principal predator. Oecologia 15:93-120.
[5] Estes, J.A., Tinker, M.T., Williams, T.M., Doak, D.F., 1998. Killer whale predation on
sea otters linking oceanic and nearshore ecosystems. Science 282: 473–476.
[6] Terborgh J, Lopez L, Nuñez P, Rao M, Shahabuddin G, Orihuela G, Riveros M, Ascanio R, Adler G.H., Lambert T.D., Balbas L. 2001. Science 294(5548):1923-6. Ecological meltdown in predator-free forest fragments.
[7] SCB annual meeting, Missoula, Montana. 2000.
[8] Beschta, R.L., Ripple, W.J. 2009. Large predators and trophic cascades in terrestrial ecosystems of the western United States. Biological Conservation 142: 2401-2414.
[9] Pauly, D. 1995. Anecdotes and the shifting baseline syndrome of fisheries. Trends in Ecology and Evolution, 10:430. Véase también http://www.shiftingbaselines.org/espanol/index.html

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