EL ESTADO DE CONSERVACIÓN DE LOS HUMEDALES EN ESPAÑA

 
Por Paloma Alcorlo Pagés
Profesora del Departamento de Ecología, UAM
2013 ha sido nombrado Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua por las Naciones Unidas. Con esta denominación se pretende sensibilizar sobre los beneficios que implicaría un aumento de la cooperación en materia de agua y dar a conocer los retos que plantea el aumento del consumo del agua, así como el desigual reparto de los recursos hídricos. Se insta a los diferentes gobiernos del mundo a adecuar sus políticas de gestión del agua para que se divulgue el conocimiento de los distintos ecosistemas acuáticos, se garantice la cooperación entre estados para racionalizar el consumo de agua y combatir la pobreza. Recientemente, el pasado 2 de febrero, fue el Día Internacional de los Humedales, y con estas líneas trato de ofrecer unas pinceladas sobre el estado de nuestros humedales.

Los humedales son unos ecosistemas de transición entre los ambientes acuáticos y los terrestres, de hecho algunos de ellos son sistemas frontera o ecotonos (p.ej. orillas encharcadas de ríos o de lagos, albuferas, marismas, manglares). Han sido definidos como “cualquier unidad funcional del paisaje, que no siendo río, ni un lago, ni el medio marino, constituye tanto espacial como temporalmente, una anomalía hídrica positiva en relación con un territorio adyacente más seco”. Podríamos decir que cualquier lámina de agua poco profunda (p.ej. lagunas, tablas, pantanales, marismas) y suelos encharcadizos (p. ej. tremedales, turberas, etc) son humedales. Como vemos abarcan un amplio espectro de ambientes caracterizados todos ellos por la dificultad para establecer sus límites físicos y por poseer un extraordinario carácter dinámico, tanto en la escala espacial como temporal. Podemos encontrar humedales permanentes (siempre visibles) o temporales (aparecen ocasionalmente cada año o cada varios años). Además la lámina de agua bien visible o la humedad freática que empapa el suelo, no permanece constante a lo largo del tiempo sino que se expande y se contrae estacionalmente según las precipitaciones, y/o las  descargas de aguas subterráneas recibidas.

Este dinamismo hace que suelan tener asociadas unas comunidades vegetales características que contribuyen a generar un elevado número de hábitats, así como una elevada diversidad biológica. De hecho, los humedales están reconocidos como los ecosistemas más productivos del mundo (Mitsch & Gosselink 1993). Muchas especies de peces de importancia económica, pasan parte del ciclo de vida en los humedales, especialmente los manglares. Son áreas de nidificación y alimentación de muchas especies de aves acuáticas. Desempeñan una importante función en los procesos hidrológicos que se desarrollan a nivel de cuenca como es la recarga de los acuíferos. Ayudan a la mitigación de las inundaciones y controlan la erosión del suelo. Estabilizan los terrenos mediante el mantenimiento de drenaje y el control de sedimentación en las zonas costeras. Actúan como zona de amortiguamiento contra contaminantes en el agua y absorben nitrógeno y fósforo provenientes de fertilizantes agrícolas, jugando un papel fundamental en los ciclos de la materia y en la calidad de las aguas a nivel global. Todos estos beneficios que obtenemos los humanos de los ecosistemas se denominan servicios y en caso de los humedales son múltiples y se generan en diferentes escalas espaciales y temporales. El mantenimiento de la integridad ecológica de los humedales es la base para garantizar sus funciones y por tanto su capacidad de generar servicios que contribuyen al bienestar de la sociedad.

A pesar ello, están desapareciendo y experimentando una degradación de su estado ecológico mucho mayor que la de los ecosistemas terrestres y se los puede considerar como uno de los ecosistemas más amenazados del planeta. Se estima que desde 1900 han desparecido de la superficie de la Tierra el 50 % de los humedales (MEA 2005). En todo el mundo y también en España, parece que los humanos tenemos poco apego por los humedales, en el pasado se los ha considerado lugares sitios insalubres que eran focos de enfermedades (p. ej. paludismo) y fueron objeto de políticas y programas de desecación y saneamiento. Pero el verdadero impulsor de esta transformación de las zonas húmedas, fue el desarrollo tecnológico que comenzó a finales del sXVIII junto con la demanda de suelo para agricultura generalizada en toda España. A partir del sXX las mayores transformaciones se han debido también al desarrollo industrial, de infraestructuras y urbanístico.

Estas actividades y transformaciones han supuesto que en España se haya perdido al menos el 60 % de la superficie de zonas húmedas original en los últimos cincuenta años. Según el Plan Estratégico para la Conservación y el Uso Racional de los Humedales, de una superficie total estimada 280.228 ha quedan unas 114.100 ha. Entre los ambientes acuáticos interiores, las llanuras de inundación han sufrido un mayor grado de alteración, hallándose en su totalidad modificadas por el hombre, seguidas por los humedales de agua dulce (65% modificados), los kársticos (54%) y los salinos (51%). Los lagos y humedales de montaña son los que presentan un mejor estado de conservación. Por otro lado, más de dos terceras partes de los humedales costeros inventariados se consideran alterados o degradados, mientras que no llegan a un tercio los que están conservados (Bernués 2011)

conservacion_humedales

En general, los principales impulsores directos del cambio experimentado por los humedales españoles entre inicios del siglo XIX y la actualidad están relacionados especialmente con los cambios de los usos del suelo generados por la presión agrícola, la urbanización, y por la alteración de su régimen hídrico especialmente por sobreexplotación de los acuíferos. En el caso de los humedales litorales, la acuicultura ha originado la tercera variación porcentual con respecto al total de este tipo de humedales. Otros impulsores de la degradación de los humedales son la contaminación y la introducción y de especies invasoras (Borja et al. 2011).

Además existe un gran desconocimiento de los ciudadanos sobre la importancia de nuestros ecosistemas acuáticos como reservorio de biodiversidad y generadores de múltiples servicios (p. ej. pesca, fibras textiles, secuestro de carbono, depuración del agua, modulación del clima, amortiguación de avenidas etc). Queda mucho trabajo por hacer para recuperar la funcionalidad ecológica de nuestros humedales, cuestiones tales como realizar un uso sostenible del agua mejorando la eficiencia del consumo en la agricultura; disminuir la contaminación por nutrientes racionalizando el uso de fertilizantes e implementando el tratamiento terciario en las plantas depuradoras; evitar la transformación de los humedales en urbanizaciones; mejorar la participación pública en los órganos tomadores de decisiones de las políticas hidráulicas, y definir una política económica racional del agua.

Referencias:

Bernués, M.2011. Estado de conservación de los humedales españoles en los albores del siglo XXI. En: Viñals, M.J.; Blasco, D. & Morant, M. (eds) Los humedales mediterráneos: el contexto ambiental y social. Reflexiones para su estudio y gestión eficaz. Ed. Fundación Biodiversidad. 266 pp.

Borja C., Florín M., & Camacho A. 2011. Evaluación de los Ecosistemas del Milenio-España. Informe de resultados. Ed. Fundación Biodiversidad – Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino. Capítulo 11. Lagos y humedales de interior. Fundación Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino. (http://www.ecomilenio.es/wp-content/uploads/2012/03/11-Lagos-y-humedales-web.pdf)

Casado, S.; Florín, M.; Mollá, S. y Montes, C. 1992. Current status of Spanish wetlands. En: Managing Mediterranean Wetlands and their Birds. IWRB Special Publication nº 20. Grado, Italia. pp 56-58.

Evaluación de los Ecosistemas del Milenio. 2005. Los ecosistemas y el bienestar humano: Humedales y agua. Informe de síntesis. 68 pp. World Resources Institute (WRI), Washington DC. (http://www.unwater.org/downloads/MA_WetlandsandWater_Spanish.pdf)

Mitsch, W.J. & Gosselink, J.G. 1993. Wetlands. Van Nostrand Reinhold, New York.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: