Ecólogos de la UAM argumentan que es necesario cambiar el actual modelo de áreas protegidas por uno que incorpore los valores instrumentales de los ecosistemas y la dimensión social de nuestra relación con la naturaleza.

Aparece como noticia destacada en la Unidad de Cultura Científicala de la UAM la mención de uno de los artículos publicados por profesores del laboratorio de Socioecosistemas del Departamento de Ecología.

Proponen un enfoque socio-ecológico para salvaguardar áreas protegidas

En un trabajo publicado en la revista BioScience, miembros del laboratorio de socio-ecosistemas del Departamento de Ecología de la Universidad Autónoma de Madrid muestran cómo la aplicación del marco socio-ecológico a la creación y gestión de áreas protegidas puede ayudar a solucionar varias limitaciones concernientes a estos espacios.

El marco socio-ecológico constituye uno de los principales avances en el mundo de la conservación en las últimas décadas. Permite a los especialistas aplicar un enfoque integrador para la conservación de la biodiversidad que no se reduce a aspectos ecológicos, sino que incorpora los aspectos sociales que la amenazan y aquellos otros que pueden ayudar a conservarla.

Una parte de este marco lo constituyen los servicios de los ecosistemas, que son las contribuciones de los ecosistemas al bienestar humano. Por ejemplo, múltiples especies y ecosistemas protegidos nos proporcionan innumerables servicios de los ecosistemas como agua limpia, regulación climática, turismo de naturaleza o satisfacción por la conservación de la biodiversidad.

Como parte de sus conclusiones, el trabajo de la UAM destaca que es necesario un cambio de modelo respecto a las áreas protegidas, para que además de incorporar los valores intrínsecos de la naturaleza (biodiversidad) incorporen los valores instrumentales (servicios de los ecosistemas) y la dimensión social de nuestra relación con la naturaleza.

Sin embargo, de acuerdo con los autores, son muchos los retos a superar para conseguir un cambio de modelo, incluyendo que en ocasiones lo que es bueno para conservar la biodiversidad no es necesariamente bueno para el bienestar humano. “Ante esto, siempre será necesario tomar decisiones difíciles que, bajo el marco socio-ecológico, estarán siempre más fundamentadas”, argumentan los autores.
Beneficios claves

Los investigadores de la UAM muestran que el marco socio-ecológico aplicado a la creación y gestión de las áreas protegidas permite avanzar en seis aspectos claves:
(1) aplicar una ciencia integradora que incorpore aspectos ecológicos, sociales y las interacciones entre ambos;
(2) mostrar los múltiples servicios de los ecosistemas que los ecosistemas de las áreas protegidas suministran y que incrementan nuestro bienestar humano;
(3) reducir el aislamiento de las áreas protegidas al mostrar que su gestión debe realizarse más allá de sus límites;
(4) permitir una co-gestión de las áreas protegidas que involucre a las comunidades locales, reduzca los conflictos sociales e incorpore el conocimiento ecológico local;
(5) fomentar la diversidad institucional en la gestión de las mismas;
(6) fomentar los paisajes multifuncionales evitando los sesgos de localización de las áreas protegidas.


Áreas protegidas

La cultura de las áreas protegidas constituye hoy la principal estrategia a nivel mundial para la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad que albergan. Las mismas cubren el 12% de la superficie terrestre, constituyendo una de las mayores superficies del planeta destinadas a un objetivo común. Gracias a las áreas protegidas se han conservado especies en peligro de extinción y ecosistemas únicos. Sin embargo, la biodiversidad sigue disminuyendo mientras que seguimos degradando los ecosistemas en diferentes partes del planeta. Hoy por hoy, las áreas protegidas son necesarias pero no suficientes para proteger la biodiversidad.

Las áreas protegidas se enfrentan a nuevos retos asociados a la época geológica en la que vivimos, el Antropoceno, caracterizada por los cambios a nivel planetario inducidos por el ser humano que han modificado los procesos naturales de cambio del planeta. Dentro del proceso emergente de cambio global, las áreas protegidas se enfrentan a problemas como la transformación de su entorno, los sesgos en su ubicación hacia las cumbres de sistemas montañosos y otros lugares remotos, y la falta de apoyo social local por las restricciones de usos que imponen.

En definitiva, en el Antropoceno, los problemas de conservación de las áreas protegidas están principalmente fuera de sus límites y son de carácter social. Además, dado el contexto de cambios rápidos, intensos y multi-escalares las áreas protegidas concebidas y gestionadas de forma estática tendrán más dificultades para subsistir.

Por todo ello, los investigadores se cuestionan sobre la necesidad de desarrollar una nueva concepción de las áreas protegidas para que no solo sean un fin en sí mismo para proteger determinadas áreas, sino que adquieran funcionalidades dentro de la ordenación territorial que permitan gestionar las causas de la destrucción de los ecosistemas y pérdida de su biodiversidad.
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Referencia:
Ignacio Palomo, Carlos Montes, Berta Martín-López, José A. González, Marina García-Llorente, Paloma Alcorlo and María Rosario García Mora, Incorporating the Social–Ecological Approach in Protected Areas in the Anthropocene, BioScience (2014) doi: 10.1093/biosci/bit033

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